intestino grueso

Colitis isquémica, síntoma y causa

La reducción de la circulación en una parte del intestino grueso da lugar a lo que se conoce como colitis isquémica, patología que aparece a consecuencia de un estrechamiento u obstrucción arterial causando dolor y posibles daños en el colon. Debido al parecido de sus síntomas con otros problemas digestivos, complica su diagnóstico; el problema de ello es que de no tratarse, cabe la posibilidad de desarrollar infecciones, o en el peor de los escenarios, demandar una cirugía.

¿Qué es en realidad la colitis isquémica?

Al igual que en otras partes del cuerpo, las arterias irrigan el flujo sanguíneo en el intestino grueso, cuando existe una obstrucción temporal del mismo da lugar a lo que se denomina colitis isquémica, patología mayormente frecuente en personas con enfermedades cardíacas o de los vasos sanguíneos – así como quienes han presentado trastornos por excesiva coagulación de la sangre u operadas de la aorta – siendo los adultos mayores de 60 años, los más vulnerables a su aparición.

Dicha obstrucción, comprometer el revestimiento interior del intestino grueso dañando las capas más profundas de sus paredes, por lo que aparecen las conocidas úlceras o llagas, que pueden sangrar.

¿Cuáles son los síntomas de la colitis isquémica?

De la misma manera que en otros trastornos digestivos, la colitis isquémica se caracteriza por incluir la siguiente sintomatología:

  • Diarrea y náuseas
  • Defecaciones acompañadas de sangre color rojo brillante o marrón, aunque en algunos casos, se evidencia sangrados sin heces.
  • Dolor, calambres y sensibilidad excesiva en el vientre, algunas veces repentinas, y otras de forma gradual.
  • Sensación de urgente necesidad de evacuar el vientre.

Es importante enfatizar, en la importancia de acudir al médico cuando los síntomas antes descritos se presentan mayormente en el lado abdominal derecho, pues las arterias que alimentan esta parte del colon, también lo hacen a zonas del intestino delgado cabiendo la posibilidad de que la misma no esté recibiendo la cantidad suficiente de sangre.

Adicional a ser más doloroso, el bloqueo de la circulación sanguínea del intestino delgado es causante inmediato de muerte en el tejido intestinal – mejor conocido como necrosis – condición que demanda cirugía de urgencia y que pone en riesgo la vida.

¿A qué se debe la colitis isquémica?

No existe causa exacta que dé lugar a la disminución del flujo sanguíneo hacia el colon; no obstante, factores de riesgo incrementan las probabilidades de padecer colitis isquémica, entre estos se destacan:

  • Aterosclerosis, o lo que es igual, acumulación de depósitos grasos en las paredes de una arteria.
  • Arterias obstruidas por un coágulo de sangre, sobre todo si es una de las encargadas de suministrar sangre al colon; aunque en raras veces, también es consecuencia de una trombosis venosa.
  • Hipotensión – o presión arterial baja peligrosa – vinculada a insuficiencia cardíaca, choque, traumatismo o cirugía mayor.
  • Obstrucción intestinal provocada por una hernia, tejido cicatricial o un tumor
  • Cualquier trastorno médicos capaz de afectar el correcto funcionamiento del sistema sanguíneo, por ejemplo, vasculitis, anemia drepanocítica y lupus.
  • Cirugías de corazón, en el sistema digestivo, ginecológico o vasos sanguíneos.
  • Consumo de cocaína o metanfetaminas
  • Cáncer de colon, pero en casos poco frecuentes.

Diagnóstico y tratamiento de la colitis isquémica:

La regla de oro para diagnosticar la colitis isquémica es la evaluación a través de sigmoidoscopia flexible o colonoscopia, ya que son los estudios ideales para detectar posibles daños en el revestimiento del intestino grueso, del mismo modo, permiten la obtención de muestras tisulares.

Respecto al tratamiento, la colitis isquémica requiere líquidos por vía intravenosa; el paciente, es recluido en el hospital permaneciendo en ayunas a fin de que el intestino descanse, por lo que se le suministrarán electrolitos y nutrientes necesarios antes de reanudar la  alimentación oral. La mejoría se percibe en un plazo de dos a tres días, rara vez implica cirugía, exceptuando los casos en los que se forman cicatrices.

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