Dieta Whole 30, en qué consiste y alimentos permitidos

Entre las alternativas de regímenes alimenticios, la dieta paleo – adaptada a la realidad actual y con la correcta planificación – figura entre las más beneficiosas para la salud; no obstante, como todo, son múltiples los efectos que puede suponer para el organismo.
Conocida como “dieta paleo – extrema” la dieta whole30 goza de gran preferencia y aceptación ¿de qué se trata, sus pros y contras serán desvelados en la presente entrega.
Índice de contenidos
¿Qué es la dieta Whole 30?
Mejor conocida como dieta paleo extrema, el programa Whole30 se sustenta en la eliminación de las fuentes – alimenticias o no – que suponen reacciones adversas para el organismo.
En líneas generales, es un estricto programa de 30 días en el que se inhibe el consumo de alcohol, lácteos, granos enteros, legumbres, alcohol, entre otros alimentos.
Pese a que su principal objetivo es el de mejorar la alimentación y mantener el peso ideal, son muchos los detractores del método, la razón es simple, carece de suficientes evidencias científicas que le respalde; por su parte, los defensores de la dieta Whole 30 aseguran los beneficios que supone, entre ellos, mejorar la digestión, facilitar la pérdida de peso y el incremento de la energía.
¿En qué consiste el programa Whole 30?
Aunque en líneas generales la dieta Whole 30 apenas presenta ciertas modificaciones respecto a la dieta paleo, difiere de esta al proponer una alternativa funcional con la que modificar los hábitos de vida a través de la alimentación; de acuerdo, a sus creadores basta 30 días consecutivos para tener una solución definitiva con la que eliminar enfermedades – generalmente, en las que los tratamientos tradicionales no funcionan – además de revitalizar el cuerpo, contribuir contra el sobrepeso y revertir desequilibrios hormonales.
¿Cómo es esto posible?, suprimiendo el consumo de todo alimento o producto que contenga sulfitos, transgénicos o nitratos, al igual que alcohol, cereales, legumbres, edulcorantes, azúcar, lácteos.
En pocas palabras, una dieta cero gluten y azúcar añadido en la que se incluye un limitado número de alimentos procesados.
Dieta paleo y programa Whole 30 ¿en qué se diferencian?
El programa Whole 30 se diferencia de la dieta paleo al brindar la posibilidad de incluir ciertos productos, por ejemplo la mantequilla clarificada, aceitunas en conserva, aceite y leche de coco; asimismo, no se permiten legumbres – exceptuando las judías verdes – amaranto o quinoa y se limita la ingesta de frutos secos.
Otra discrepancia radica en la imposibilidad de convertir recetas tradicionales al estilo paleo, ya que no están permitidas las imitaciones de comida chatarras aun si se preparan con alimentos permitidos; en palabras más simples, nada de un pan paleo, pizza paleo o algún similar.
La tercera y última diferencia puntual es lo exigente del programa, durante sus 30 días de duración ha de seguirse al pie de la letra y los resultados, no podrán verse sino hasta el final, ya que pesarse o tomar cualquier medida corporal.
Alimentos permitidos en la dieta Whole 30

Alimentos que permite y no Whole30
Lejos de lo que se piensa por lo estricto que suele catalogarse, el programa Whole 30 permite el consumo de muchos alimentos; a continuación algunos de ellos y cómo ingerirlos:
Carne sin procesar, huevos, pescados y mariscos
Debido a lo clave de las proteínas para saciar el hambre, es una ventaja evidente que la dieta permita su consumo; claro, es indispensable que sea orgánica para que cumpla su cometido de evitar comer los alimentos prohibidos en el programa.
Del mismo modo, son buena fuente proteínica los huevos, además de aportar colina, nutriente aliado de la salud cognitiva.
Por su parte, los pescados y mariscos brindan la oportunidad de complementar la ingesta de proteínas sin caer en el aburrimiento. Los más recomendables son las sardinas, salmón y arenques por ser ricos en Omega 3, aliado infalible del corazón y cerebro.
Frutas y verduras
Aunque los creadores de este programa no recomiendan comer tantas piezas de fruta como quieras, sí que permiten ingerir una cantidad moderada. «Además de vitaminas, minerales, antioxidantes y fibra, la fruta también es muy hidratante, un aspecto muy importante para los meses de verano», comenta Amy Gorin.
«Las verduras aportan fibra que no solo es saciante, sino que además equilibra los niveles de colesterol, apunta Gorin. También tienen menos calorías que la mayoría de los grupos alimenticios.
Las judías verdes, los guisantes dulces y las alubias blancas pueden incluirse en esta categoría aunque técnicamente sean legumbres, alimentos prohibidos en la dieta Whole30.
Patatas y alimentos ricos en grasa
Consideradas entre los alimentos más perjudiciales en diferentes dietas por su elevado contenido de almidón, el programa Whole 30 permite el consumo de patatas mientras no se preparen fritas.
Del mismo modo, se admite la ingesta de alimentos altos en grasas saludables, – por ejemplo, anacardos, cocos, aceitunas, algunas semillas, nueces y aguacate, aunque este último debe consumirse con moderación.
Café
Otra de las ventajas de la dieta Whole 30 es el de permitir el consumo de la bebida preferida de muchos, el café; sin embargo, es importante tomarle sin crema ni azúcar, la canela una opción viable para endulzarlo.
Aceite de oliva
Los amantes del oro líquido estarán más que satisfechos con la posibilidad de integrar el aceite virgen extra de oliva; lo mismo que el aceite de coco convirtiéndose en grasas ideales para cocinar y complementar alimentos o platos.
Hierbas naturales y especias
Estar de dieta no tiene que suponer renunciar a comer sabroso, por ello el programa Whole 30 acepta el uso de la mayoría de hierbas naturales, especias y condimentos para aliñar las distintas preparaciones.
¿Cuáles son los beneficios del programa Whole 30?
De todo lo antes mencionados, es sencillo concluir que el programa whole30 bien puede convertirse en una dieta low carb, si a ello se le suma la posibilidad de alejarse de elementos nocivos e incrementar el consumo proteínico, el resultado será:
- Considerables beneficios para el sistema vascular y un gran aliado en la pérdida de peso, puesto que se inhibe el consumo de las principales fuentes de carbohidratos y es moderado el consumo de frutas.
- Favorece la ganancia o mantenimiento de masa magra, debido al enorme consumo de proteínas, especialmente, si se incluye un buen plan de ejercicios durante la dieta.
- Incremento del ritmo metabólico, reduciendo las probabilidades de sufrir enfermedades asociadas al sobrepeso.
- La oportunidad de dejar definitivamente el consumo de azúcar y de otros elementos propios de los alimentos procesados que perjudican la salud, por ejemplo, las grasas trans y el sodio.
Contras de la dieta Whole 30
Siendo objetivos, por más atractivos que suenen los beneficios antes planteados, el programa Whole 30 no deja de ser una dieta paleo extrema, de ahí lo desaconsejable de su práctica, y es que cuando se incurren en los extremos, las dietas dejan de ser sanas.
En este caso, son eliminados de la ingesta diaria, grupos de alimentos saludables sin ningún tipo de argumento científico válido – tales como los cereales y legumbres – cuyo consumo no compromete la salud siempre que se seleccionen de manera correcta.
Es por ello, que la clave de una dieta saludable radica en encontrar ese punto de equilibrio en el que disminuir el consumo de alimentos procesados, a la par que se incluyen aquellos placenteros y cotidianos en porciones adecuadas, como por ejemplo las fuentes de hidratos de carbono de calidad, la meta ha de ser siempre, alcanzar una alimentación capaz de beneficiar integralmente la salud.
¿Qué cambios puede suponer en el organismo la dieta Whole 30?
A pesar de que en términos hipocalóricos, el programa no es extremo, se gana el calificativo considerando la gran cantidad de restricciones que impone, además de la eliminación de grupos alimenticios de amplio consumo y que no representan factor de riesgo contra la salud.
Es evidente que tales características, son capaces de generar alteraciones en el organismo, por desgracia, no en el rumbo que promete, ya que ningún tipo de restricción favorece una conducta alimentaria normal, en su logar sólo se consigue desequilibrar la relación con la comida, provocando modificaciones en el funcionamiento orgánico y a nivel anímico y emocional.
Desde la perspectiva del deportista, la ausencia de carbohidratos se transforma en enemigo, pues su rendimiento se ve comprometido al inhibirse del consumo de un elemento clave para la canalización de la energía, así como el cuidado del sistema neuromuscular.